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Portear al bebé en fular: ¿de verdad merece la pena?

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El porteo con fular es cada día más popular. Cada vez más mamás recientes apuestan por la comodidad. Pero ¿se trata solo de comodidad? Además de tener «las manos libres» y organizar mejor las tareas de casa, llevar al peque en un fular aporta muchos otros beneficios.

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En primer lugar, durante nueve meses el pequeño ser humano vive en un entorno muy especial. Allí está recogido, calentito y a oscuras, y los sonidos llegan amortiguados. ¿Cómo se siente un bebé envuelto en un fular? ¡Exactamente igual! Podría decirse que, en cierto modo, está resguardado del mundo que lo rodea, desconocido y extraño para un recién nacido. Pero, sobre todo, está cerca de mamá. Todo esto recuerda las condiciones que vivió en el útero. Por eso los bebés en fular suelen calmarse, relajarse antes y dormirse. Se sienten seguros y cerca, es decir, felices.

En segundo lugar, el recién nacido o el bebé aprende el esquema de su propio cuerpo. Esto ocurre gracias a los estímulos propioceptivos (de sensibilidad profunda) que le aporta estar envuelto en el fular. Los receptores del sentido cinestésico se encuentran en los músculos y los tendones. Este sistema percibe las sensaciones de presión, estiramiento y la posición de unas partes del cuerpo respecto a otras. Una buena integración de los estímulos propioceptivos es imprescindible para el correcto desarrollo psicomotor del niño.

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La tercera ventaja del porteo, no menos importante, es que favorece la posición correcta de las caderas y la columna. Como padres (cada vez más conscientes), podemos cuidar el buen desarrollo del aparato locomotor. Las caderas en posición de «ranita» (en M) –es decir, con el grado adecuado de abducción (unos 60 grados en el recién nacido, hacia los 90 a medida que crece), flexión (unos 110 grados) y rotación externa de las piernas– permiten que la cabeza del fémur quede centrada en la cavidad de la cadera. Esto es muy importante para el buen desarrollo óseo y la prevención de la displasia. Recuerda, no obstante, que una displasia avanzada requiere un tratamiento especializado, que suele incluir una ortesis. Ante cualquier duda, consulta con un médico especialista y con un fisioterapeuta pediátrico.

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En cuanto a la columna del bebé: un bebé en un fular no está siendo «verticalizado», aunque lo parezca. ¡No te preocupes por eso! Precisamente por eso se puede portear a recién nacidos y a bebés que aún no se sientan solos. La gran flexión de las caderas, la espalda redondeada, la retroversión de la pelvis y el estar «abrazado» al cuerpo de mamá o papá permiten al bebé relajarse y adoptar una postura natural. Los bebés todavía no tienen las curvas fisiológicas de la columna (la doble «S»). En ellos lo normal es la forma de «C»: una columna muy redondeada con el sacro recogido, es decir, una cifosis total. La lordosis cervical empieza a formarse cuando el bebé levanta la cabeza boca abajo (hacia los 3-4 meses); la cifosis dorsal, cuando se voltea, se sienta solo y gatea; y la lordosis lumbar, cuando se pone de pie y camina por sí mismo.

El fular puede contribuir al buen desarrollo psicomotor del niño, pero solo si el bebé está bien colocado en él. El anudado debe hacerse con cuidado, el bebé debe estar en la postura correcta y el fular bien ajustado. Si no estás segura de hacer bien un anudado, es imprescindible consultar con una asesora de porteo o con un fisioterapeuta.

autora: Katarzyna Kabuła IG: @fit_physio_active



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