Lo que nadie te contará antes de comprar tu primer fular...
Una verdad importante que nadie te contará antes de comprar tu primer fular…
…porque no te la creerías. Cuando empiezas a portear, piensas que los fulares y las mochilas solo sirven para sacar adelante el día a día, ir del punto A al punto B, tomarte por fin el café de la mañana y, por supuesto, achuchar a tu peque. No te creerías que también responden a tu necesidad interior de belleza.
Pero cuando por fin tienes tu primer fular y ya buscas el siguiente, empiezas a darte cuenta de que un fular o una mochila no es solo una «herramienta», sino también una tela preciosa que te ayuda a sentirte guapa cada día: en un paseo, en una reunión o mientras preparas la cena. Pese al cansancio y la falta de sueño.
La necesidad de belleza es una de las necesidades humanas más importantes. Si no se satisface, nos sentimos mal; el caos, la suciedad y la fealdad a nuestro alrededor pueden incluso llevar a la depresión. Por eso cada uno busca su propio camino hacia la belleza: viajamos para ver paisajes maravillosos, cuidamos la decoración de casa, compramos ropa, zapatos y bolsos a nuestro gusto. Y, cómo no, compramos fulares y mochilas.
El mercado de los fulares ofrece una variedad impresionante de diseños, colores, mezclas y tejidos, para satisfacer necesidades de todo tipo, incluso las más exigentes. A unos les encantan los arcoíris y otros los odian; unos coleccionan distintos diseños en un mismo color y otros reúnen variaciones de un único diseño…
La magia de la tela de fular es que permite combinar muchos aspectos del porteo: los evidentes, como la cercanía y la libertad, y los que se mencionan menos, como las necesidades estéticas de la madre o el padre. Por eso casi nunca te quedas con un solo fular o mochila. Por eso compras accesorios hechos con estas telas preciosas: bolsos, ropa, llaveros e incluso joyas, útiles y bonitos a la vez. Y te recordarán tu pasión por el porteo incluso cuando tus días de portear hayan terminado…


