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¡Senderismo y porteo!

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De excursión con tu peque junto al corazón o a la espalda

A mi marido y a mí siempre nos ha encantado viajar, conocer sitios y hacer senderismo. Cuando nació nuestra hija mayor no sabíamos nada de porteo. Solo sabíamos que no queríamos renunciar a nuestra vida activa. Enseguida descubrimos que el carrito no era para nosotros: viajábamos a «lugares por descubrir», atravesábamos humedales y subíamos montañas… y tuvimos que cargar con el carrito tantas veces que buscamos otras soluciones. Descubrimos la mochila ergonómica. La comodidad de nuestras salidas cambió por completo. Cuando nació nuestra hija pequeña empezamos a usar fulares tejidos, y la experiencia también fue estupenda.

Descubrimos que no teníamos por qué limitar nuestros paseos a caminos llanos. ¿Un camino embarrado o pedregoso? ¿Un sendero muy estrecho? ¿Una playa de arena? ¿La montaña? Con el bebé en fular o mochila puedes ir a cualquier parte. Y cuando el peque crece y empieza a andar, el porteo se agradece igual: las piernecitas se cansan muy rápido y cuando menos te lo esperas.

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Hoy nuestras hijas tienen 6 y 3 años. Con ellas hemos visitado 11 países, la mayoría de los parques nacionales de Polonia y de los países vecinos, hemos subido montañas pequeñas y también de más de 2000 m y hemos caminado kilómetros por la playa. ¡Sin porteo no lo habríamos conseguido!

Entonces, ¿cómo se hace?

Si viajas con un niño, planificar el viaje es mucho más importante que si viajas solo.

Si estás planeando una excursión, calcula bien la distancia y el tiempo. Recuerda que una ruta que normalmente haces en 2 horas te llevará 4 o más con el peque. ¿Por qué? Es muy sencillo. Si tu pequeño viajero va andando y echa la siesta o descansa en la mochila, irás mucho más rápido cuando lo porteas y mucho más despacio cuando camina él solo. Hay que reservar tiempo para descansar y para jugar. También para contemplar flores y tumbarse en la arena: ¡el mundo es fascinante para un pequeño viajero! Si porteas a un bebé que todavía no anda, planifica pausas aún más largas: necesita tiempo fuera del portabebés para cambiar de postura y moverse.

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Prepárate para los cambios de tiempo y los «accidentes» inesperados, como un zumo derramado por toda la camiseta. Lleva ropa de repuesto, también más abrigada e impermeable, ¡incluso en un día soleado! El tiempo, sobre todo en la montaña, puede cambiar de golpe. En los días más frescos, un abrigo de porteo, un chaleco polar o una chaqueta os ayudarán mucho a manteneros calentitos a los dos. No olvides un calzado cómodo.

Lleva algo de beber y de comer: el aire libre puede abrir el apetito de tu peque más de lo habitual.

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¿Y los juguetes? Si tu bebé está echando los dientes, llevar un mordedor es buena idea. A los mayores puede que les guste llevar su peluche favorito. Por lo demás, no hace falta cargar con juguetes: por el camino encontrarás muchos «juguetes» naturales y fascinantes, como ramas, piedras, hojas y mucho más. Deja que tu peque juegue con ellos.

Recuerda que no viajas solo por ti, sino también por tu peque: ¡sé realista al planificar!

Cuando lo tengas todo preparado, ¡sal y disfruta! Y… ¡deja salir al niño que llevas dentro!

Este artículo lo ha escrito Danusia, de https://wpodrozyprzezzycie.wordpress.com/. ¡Muchísimas gracias!



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